Entre algunas de las cosas que más me interesaron sobre los dadaístas fue su tan peculiar forma de hacer poesía.
“Lo que caracteriza a la creación de la obra Dada no es una razón ordenadora,
una búsqueda de coherencia estilística ni un módulo formal (…) Así, ellos no
crean obras sino que fabrican objetos. Lo que interesa en esta ‘fabricación’ es,
sobre todo, el significado polémico del procedimiento, la afirmación de la
potencia virtual de las cosas, de la supremacía del azar sobre la regla, la
violencia explosiva de su presencia irregular entre ‘auténticas’ obras de arte.”
Ese encanto peculiar por hacer prevalecer el azar siempre me llamó la atención; al escribir muchas veces, no reparaba en la rima ni en las oraciones anteriores, escribía como dirían los dadaístas prácticamente de manera “automática” como si algo o alguien tal vez muy dentro de mí me indicara exactamente que palabra iba después de cada otra y yo no tenía que pensarlas, sino simplemente escribirlas.
Tzara explicó en el “Manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo” en 1920 una peculiar forma de elaborar un poema dadaísta. Este método fue conocido como el de la “poesía en el sombrero”, consistía en recortar un artículo del periódico, luego recortar cada una de las palabras, colocarlas dentro de un ‘saquito’, revolverlas y extraerlas al azar para finalmente copiarlas en el orden en el que aparecieran.
Yo decidí darle un giro especial, y tal vez con un poco más de razón; recorté titulares del periódico que me llamaban la atención y me dispuse a practicar la poesía en el sombrero.
Mientras extraía palabra por palabra experimenté una sensación increíble, podía ver lentamente un poema formándose ante mí, un poema verdadero producto del azar. El resultado me complajo mucho, y me ha animado a continuar esta aventura en una poesía muy diferente a lo que tal vez practica la mayoría de la gente y no creo haber leído, al menos, últimamente. Espero que se animen a hacer lo mismo, ¡me encantaría leerlos!
Momento de infierno oculto azul,
compañía.
Las palabras son candidatas corazón.
Amiguito,
nuestras alegrías de hombre,
decepcionadas en el reino
de la presentación de las matemáticas.
Llegó a venderle temperamento,
aquél apóstol marino,
cuando mis rutas del Perú
quisieron ser artificiales.
Personas de más,
apagan milenariamente el otro profundo.
Los quipus llegan a la tierra
en guerreros nudos de tela de invierno.
Los del medio asesinaron a la sociedad,
dibujaron una autopsia de dolor en solidaridad.
Compadres,
el casi 90% diversificó gentes.
Platos, heridas, el té de estrellas,
la hora del siglo más especial.
Los amigos que se hundieron en él,
cobran sobre ti de noche.
Un año de crónica
tendría el color de todas y cuántas fueran sus uñas.
Por él se inventó la danza simple,
ellas fueron un ángel,
junto con la, los, las, lo para sí.
Sacó la TV del lugar,
pidió una lucha en la carta helada de Canadá.
Vivió con su clan de luz para innovar,
que de lo último a lo nuevo
iban con decenas de hoteles del nudo
y en el Estado de las reformas
se las arreglaron para pasarle
de una en uno,
la pregunta de golpe.
Para pensar:
La poesía no es un medio de expresión, sino una actividad del espíritu, no es
una manifestación secundaria de la inteligencia y la voluntad, sino una manera
de ser y vivir.
Mario de Micheli – Las vanguardias artísticas del siglo XX


















